Empezaré comentando que la lecitina es una especie de lípido, es decir, de grasa, que se encuentra en la membrana de todas las células del organismo, en la sangre donde, formando parte de las lipoproteínas ayudan a transportar grasa y en la bilis donde al excretarse ésta al intestino ayuda a emulsionar la grasa de la dieta para que pueda ser digerida y absorbida.

A la sombra de esta información nace la venta de lecitina comercial, normalmente de soja. Se anuncia como sustancia capaz de adelgazar o de reducir el colesterol y se argumenta con que “rompe” la grasa. Vayamos por partes:

  • Primero, el cuerpo produce toda la cantidad de lecitina que necesita por una ruta por la que podría producir mucha más si hiciese falta.
  • Segundo, la grasa circulante en el cuerpo no está en forma de masa que se pueda romper sino empaquetada de forma muy especial y algo compleja en lipoproteínas. Y luego está la no circulante, la almacenada en los adipocitos pero, oh vaya, la lecitina no entra (no puede) entrar en los adipocitos para hacer lo que hace en los enterocitos (células del intestino) con la grasa dietética. Y menos mal, porque de ser así se destruirían las células por acción detergente y el resultado os lo podéis imaginar.
  • Tercero. Empecé diciendo que desde el punto de vista molecular la lecitina es una grasa (cadena hidrocarbonada con grupos ácido carboxílicos…) por lo que, de tomar mucha lo que haremos será engordar.